La forma en que nos alimentamos en la
actualidad dista enormemente de cómo lo hacían nuestros abuelos hace no tantos
años. Esto es debido a múltiples razones.
Desde el vertiginoso desarrollo
de la maquinaria agrícola, así como la selección de especies animales y vegetales más
productivas cuya obtención en la cantidad y velocidad que ahora se consigue
antes era impensable.
Así por ejemplo, no hace tanto tiempo, la leche se ordeñaba a mano, los
animales se criaban al aire libre y las técnicas para cosechar eran
absolutamente rudimentarias si las comparamos con las actuales. Esto hacía que
la producción alimentaria fuera muchísimo más reducida.
INSTAURACIÓN
DE LOS MÉTODOS MODERNOS DE CONSERVACIÓN
Las aportaciones de Appert
publicadas a partir de 1810 (conservación de los alimentos en frascos de
cristal, sometidos al baño maría y cerrados herméticamente con corchos
encerados fijados con un alambre, de forma similar al proceder seguido con las
botellas de champagne), de Donkin
desde 1818 (fabricación de los botes de hojalata-las latas de conserva-) y de Pasteur de 1861 a 1873 (invención de la
pasteurización),
abrieron el camino al enlatado hermético y, en gran medida, fueron la base de
todos los avances posteriores: desecado, refrigeración, congelación,
precocinados, envasado al vacío...
LOS
NUEVOS MEDIOS DE TRANSPORTE
Dos inventos fueron los
impulsores de este cambio radical: el barco de vapor y el ferrocarril. La red ferroviaria
empieza a competir con las diligencias en 1840 y puede decirse que, con
carencias como la del caso español, la red básica de ferrocarriles estaba ya
completada en 1880. En los transportes marítimos uno de los avances más
notables fue la
invención del motor de expansión (1854), que dotó a los buques del
doble de la velocidad que antes alcanzaban. Esto, unido a la aparición casi
simultánea de los barcos frigoríficos, amplió los mercados de
una forma espectacular. Los alimentos llegaban a su destino más rápidamente y
en mejores condiciones.
APARICIÓN DE LA LEGISLACIÓN ALIMENTICIA
Por otro lado también que
pusieron las bases para los controles de los alimentos.
Con estas legislaciones se dejaron también a un lado las
antiguas prácticas discriminatorias que consideraban determinados alimentos
destinados exclusivamente a determinada categoría de consumidores (pan blanco y
carne fresca para los ricos, pan negro y carne salada para los pobres). De
ahora en adelante las distinciones se harían en función de la calidad de los
alimentos, otorgándoles una categoría
(primera, segunda y tercera), sin tener en cuenta la jerarquía entre las
personas. Todo
el mundo debía tener derecho a consumir de todo, siempre que su poder
adquisitivo se lo permitiera.
APARICIÓN DE LA CIENCIA DE LA NUTRICIÓN
Con ella se fueron conociendo,
cada vez con mayor certeza, las necesidades de los principios inmediatos,
energéticas, de aminoácidos esenciales y de micronutrientes. En este punto fue
muy importante el descubrimiento de las vitaminas que ayudaron a prevenir y curar
numerosas enfermedades causadas por la carencia de éstas.
Todos
estos avances han conseguido unas mejoras innegables en la alimentación humana,
sobre todo en los Países desarrollados.
Prácticamente
todo el mundo occidental tiene acceso a una alimentación rica y variada.
Pero
esta sobreabundancia también ha arrastrado unas consecuencias negativas.
El
incremento de personas afectadas por
enfermedades relacionadas con una alimentación desequilibrada, como
la obesidad, diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares...
La decadencia de los rituales en torno a la comida:
sentarse alrededor de una mesa bien
puesta, para disfrutar de la comida servida en los paltos, no sólo significa comer adecuadamente, sino
que esta actitud también conlleva a una mayor
comunicación y relación entre los comensales, añadiendo el placer de
saborear lo que alguien ha cocinado para nosotros con esmero y cariño.
Al perder
esta costumbre y, en lugar de alrededor de una mesa, nos sentamos
alrededor de una pizza delante del televisor, con vasos de plástico o
algo aún peor, bebiendo directamente de una lata metálica, y como únicos
cubiertos los dedos de nuestras manos, nos enfrentamos a un verdadero problema,
no sólo por las consecuencias negativas que este tipo de comidas van a ejercer
en nuestra salud, sino que además, estas conductas heredadas (algunas herencias
sería mejor rechazarlas), van a conseguir que poco a poco se pierda ese momento
entrañable de sentarnos a comer en compañía y alrededor de una mesa.
El auge de la economía y de nuestro poder adquisitivo ha permitido la
posibilidad de recurrir a la denominada "fast
food" en demasiadas
ocasiones, lo que hace que la calidad de la alimentación en los hogares vaya
progresivamente empeorando, lo que repercute de una forma evidente y clara en
la salud de nuestros niños y de los adultos.
La aparición de “dietas milagro”, y “productos milagro” que prometen pérdidas de peso que
pueden llegar a ser peligrosas para la salud tanto física como mental.
La aparición de malos hábitos alimenticios algunos ya
mencionados como, comer delante de la tele, no tomar un desayuno adecuado o lo
que es peor, no desayunar, picar entre horas alimentos elaborados de dudoso
valor nutritivo (chucherías, bollería industrial, bolsas de...), recurrir a la
comida rápida o “fast food” con demasiada frecuencia, etc.
Es también preocupante el
incremento gradual y progresivo de las enfermedades
relacionadas con un comportamiento alimenticio inadecuado, como la anorexia, la bulimia, y una nueva
enfermedad que está emergiendo que es la vigorexia.
La adquisición de
conocimientos sobre la correcta combinación de alimentos, la frecuencia de
consumo de cada uno de ellos y la cantidad adecuada en función de las
circunstancias personales, constituye un paso fundamental para crear una
actitud responsable y comprometida hacia la forma de alimentarse.
De esta forma se consigue promocionar conductas alimenticias saludables que posibilitan la autogestión y autoexigencia del individuo, sintiéndose así una parte activa del proceso
Para que
inicies tu camino hacia un cambio a unos hábitos alimenticios saludables
Tu alimentación tiene que ser equilibrada, variada y sabrosa, siempre adaptada a tus preferencias culinarias.
Placer,
variedad y equilibrio no son incompatibles




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